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Fiesta de San Antonio Ma. Claret

¡Somos misioneros!

Enrique Mascorro

¡Somos misioneros! Con esta afirmación y no otra, que cala hasta lo más hondo de nuestras personas inicia el Documento del XXV Capítulo General. Esta esencia misionera es todo un legado vivo y actuante que nos proporciona el Carisma Claretiano heredado de San Antonio Ma. Claret. De tal suerte, que este mes de octubre en el que recordamos con mucho cariño a nuestro fundador también debe de ser un tiempo fértil para re-significar nuestra respuesta misionera 

Podemos partir de eso que llamamos “análisis de la realidad”. A estas fechas ya estamos muy acostumbrados y gozamos de muchas herramientas para hacer un “análisis de la realidad”, hablamos de ella, la observamos y analizamos. Pero, bien valdría la pena que en ésta “Fiesta de Claret” contempláramos teológicamente nuestra propia realidad como personas y misioneros.

Si muchas de las veces vemos como un imperativo ver la realidad, por qué no detenernos ahora, hacer un alto en nuestra trayectoria misionera y en este 2016 vernos realmente como somos. Como persona: ¿Qué edad tengo? ¿Cómo me encuentro de salud? ¿Qué frustraciones aún tengo y que otras tantas he superado? ¿Qué aspiraciones y esperanzas tengo?

No esperemos el mañana, hoy es tiempo de hacer nuestro propio análisis de la realidad. Con mucho respeto a la psicología y a las metodologías, pero, sería muy provechoso (si es posible), aplicarnos el “VER-JUZGAR-ACTUAR”, el “FODA” (fortalezas, oportunidades, debilidades, amenazas)…

Así pues, darnos cuenta de nuestra realidad: de nuestros estancamientos, dificultades, pero también de nuestras potencialidades y desde ahí seguir haciendo Reino. Ser capaces de darnos la oportunidad de cambiar, pero, sobre todo de creer en nosotros mismos. Sí, somos seres en relación, necesitamos de la otredad y sobretodo del Otro (Dios), pero, cada uno de nosotros debe de re-emprender la marcha a su reconfiguración personal, para de ahí o junto con, reposicionarnos de nuestro ser  y respuesta misionera.

Hacer nuestro el pasado nos ayudará. Cuando se iniciaba nuestra travesía apostólica en el seminario a través de la impartición del catecismo, los coros, nuestras primeras pláticas a los grupos… Se iba conformando nuestro ser de misioneros.

Quizá sin profundizarlo, sí habiéndolo experimentado, en mayor o en menor grado, en algunos foros nos presentábamos como: “Soy Misionero Claretiano”. Ante esta aseveración se iban consolidando los primeros pasos de lo que ahora sin titubeos volvemos a expresar: ¡Soy Misionero Claretiano! No es que ya no nos quede de otra, sino, es ahora la vida misma y el servicio que nos han llevado a esta aseveración.  “La Misión pertenece a nuestra identidad más profunda” (CC 2).

Ahora bien, y sin lugar a dudas el tiempo cronológico es parte inherente a nuestra persona y a nuestro ser misionero. Llevamos heridas personales, llevamos heridas misioneras. Sin embargo el “Kairos” sigue irrumpiendo a cada instante en nuestras vidas y nutre como la savia al árbol, aunque esté externamente, está representando las características climáticas que le está exigiendo la realidad imperante: Resequedad, humedad, heladas, frondosidad… A estas fechas, la aseveración: ¡Somos misioneros!, conlleva grandes historias vividas y revividas, entre otras cosas nos ha de llevar a un fuerte compromiso con las nuevas generaciones, a la confrontación con las acciones concretas en JPIC, pero, siempre compromisos y confrontaciones iluminadas con la Palabra de Dios ya que somos servidores de la Palabra.

Que esta fiesta de San Antonio Ma. Claret sea tiempo de re-significar nuestro servicio misionero.

P. Ernesto Mejía Mejía, cmf

Prefecto de Apostolado

 

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