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San Hipólito

El 13 de agosto día de San Hipólito, Cortés conquista Tenochtitlan, por lo que decide construir sobre la calzada “La Ermita de los Mártires”.

San Hipólito


Templo de San Hipólito y San Casiano

La construcción del actual Templo de San Hipólito y San Casiano inició en el año de 1599 y fue edificado sobre los cimientos de la antigua “Ermita de los Mártires”.

En la época prehispánica, la Gran Tenochtitlan era una ciudad muy próspera. Su riqueza se reflejaba en su arquitectura y en su traza, del centro partían tres calzadas, la más importante era la Calzada a Tlacopan (Av. Hidalgo).

En esta Calzada ocurrieron hechos significativos en la Conquista de México - Tenochtitlan.

Antes de la caída de Tenochtitlan, el 1° de julio de 1520 en el sitio en donde hoy se encuentra el Templo, los españoles fueron derrotados por los aztecas; a este hecho se le conoce como “La Noche Triste”.

La historia nos cuenta que los españoles iniciaron el ataque a la ciudad y los mexicas respondieron incendiando el recinto donde estaban los españoles. Cortés al ver que estaban vencidos dio la orden de retirada para huir por la noche.

Mientras llovía, los españoles abandonaron la ciudad llevando consigo tesoros muy valiosos. Comenzaron a avanzar sobre la calzada y cuando creyeron estar a salvo, una mujer mexica los descubrió y grito.

La desesperación y la avaricia de los españoles fue la perdición de los mismos, ya que al verse rodeados por los mexicas, no pudieron cruzar el canal por el botín, por lo que decidieron lanzarse a él. Pronto el foso se llenó de cuerpos, caballos y tesoros, sólo algunos se salvaron.

Cortés, el 13 de agosto día de San Hipólito conquista Tenochtitlan, por lo que decide construir sobre la calzada “La Ermita de los Mártires”, para depositar en ella los restos de los españoles que perecieron el día de la Noche Triste.

Años más tarde en 1581, las autoridades de la Nueva España dan orden de construir en la Ermita, un Templo para conmemorar la caída del Imperio mexica y la fundación de la Nueva España.

El Templo fue terminado en 1740 y desde entonces se dedicó a San Hipólito y San Casiano, a los cuales se les nombró como Patronos de la Muy Noble, Insigne y Muy Leal Ciudad de México.

Tiempo después y desde su inauguración en 1740 hasta mediados del s. XIX, el colonial Templo estuvo a cargo de los Padres Paulinos y después del clero diocesano.

El 8 de enero de 1892, el Arzobispo Pelagio Antonio Labastida y Dávalos entregó el Templo de San Hipólito y San Casiano a los Misioneros Claretianos.

El Templo fue entregado en muy malas condiciones por lo que pronto gestionaron los permisos ante las autoridades eclesiásticas para iniciar los trabajos de restauración para poderlo abrir de nuevo al culto. Fue magnífico el trabajo que realizaron, pues según consta el periódico de aquélla época “La voz de México”: “San Hipólito ... se ha convertido en una iglesia bellísima”.

El 13 de agosto de 1893, el Templo de San Hipólito fue reabierto al culto.

Durante el siglo XX el Templo continúa en funciones pero por el inicio del movimiento revolucionario se cierran sus puertas. Por el enfrentamiento que se suscitó durante la Decena Trágica la cúpula y sus vitrales se dañaron seriamente.

En 1919 San Hipólito reabre sus puertas.

A finales de los 60´s por la construcción del “Metro” la asistencia de fieles al Templo se redujo drásticamente.

Durante los trabajos de nivelación en 1974 se ubicaron los entierros de los conquistadores que perdieron la vida en la llamada Noche Triste en lo que actualmente es la capilla donde se venera la Imagen del Sagrado Corazón de Jesús.

En 1982 la imagen de San Judas Tadeo fue colocada en el Altar Mayor, con el transcurso del tiempo la veneración de la gente hacia San Judas Tadeo fue cada vez más intensa.

Actualmente, la asistencia de miles de personas y particularmente los días 28´s de cada mes, hacen patente la devoción a San Judas Tadeo como intercesor con Dios.

Arquitectura.

Los cimientos de lo que actualmente es el Templo de San Hipólito y San Casiano fueron construidos antes de 1528.

En 1740 son terminadas las obras y el 12 de junio se inaugura el Templo sin retablos y con un solo campanario, siendo dedicado a San Hipólito y San Casiano.

San Hipólito tiene un estilo clasista, tiene una sola nave con brazos en cruz latina y está cubierta por dos bóvedas de casquete esférico.

Al sur está el bajo coro y el coro, ambos con bóvedas de lunetos. Toda la construcción es de piedra de tezontle, de cal y canto.

La fachada consta de tres cuerpos o pisos. El inferior con el acceso o puerta principal es un arco con un par de nichos y columnas. En el segundo está San Hipólito al centro, labrado de cantera, a los costados de la figura central están San Antonio Abad y San Antonio de Padua. El tercer cuerpo tiene un vitral del siglo XX y sobre éste una escultura de San José y el Niño Jesús. Al centro y para cerrar en la fachada el Escudo Real.

Dos torres decoradas con adornos de ajaracas en color, en las cuales se puede apreciar el empeño dispuesto en su construcción.

Una cornisa de estilo clásico separa la base del campanario.

En el atrio de la capilla se erigió un monumento de piedra esculpida donde está plasmada la Ley del Labrador representada por un indio trasportado por un águila, y a sus pies instrumentos bélicos (trofeos prehispánicos).

Para 1941 se restaura el retablo mayor con mármol, que es el que actualmente se observa..

En San Hipólito se ha procurado mantener un estado de conservación óptimo y se han hecho adecuaciones pertinentes, tanto en el interior del Templo como en el atrio, que garanticen una mayor comodidad y seguridad a los feligreses que día con día acuden a venerar a San Judas Tadeo.

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