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¡Somos misioneros! En el contexto nacional mexicano


La realidad es sumamente compleja, y nuestro público cada vez es más exigente, sobre todo los jóvenes.

Corazón de María

 

¿Qué querrá decirnos este charlatán? Se preguntan algunos de los oyentes, que por unos instantes parecen haber quedado atrapados por uno de los discursos más importantes de Pablo en los Hechos de los Apóstoles (Hch. 17,18ss). 

Público difícil el del areópago, al que Pablo intentará predicar su experiencia de un Dios que resucita muertos, aunque para los cultos oídos de aquellos griegos paganos, tales ideas resultan conceptos extraños que jamás habían escuchado: ¿La reacción inmediata? El rechazo. ¿La esperanza a largo plazo? La conversión verdadera, al menos de unos pocos, de entre los que sobresalen un tal Dionisio y una despistada Dámaris.

¿Bastará una referencia indirecta a Jesús resucitado, para hablar de semejante acontecimiento a un público totalmente ajeno a la naciente experiencia de la fe cristiana? Parece que a Pablo no le importan demasiado los destinatarios de su discurso.

Esta experiencia de Pablo narrada en los Hechos de los Apóstoles, nos da pistas para reflexionar sobre la difícil tarea que tenemos por delante cuando nos planteamos seriamente la “emocionante” afirmación de ¡somos misioneros!, más difícil aun cuando le agregamos “en el contexto actual”.  Y el problema comienza cuando nos hacemos consientes de en dónde queremos estar, o ya estamos parados, ya sea en medio del areópago, o de cara a él, cual público cautivo. Lo cierto es que no se puede pasar de largo con la más descarada de las indiferencias, la realidad interpela y exige una toma de postura. O gritamos a los charlatanes, o nos hacemos uno de ellos.

La mayoría de los misioneros no somos expertos politólogos, economistas o historiadores, pero la fe verdaderamente arraigada en la esperanza de la resurrección, nos abre el horizonte para contemplar lo que Dios espera de nuestra misión y lo que hay que hacer para llevarla a cabo. La realidad es sumamente compleja, y nuestro público cada vez es más exigente, sobre todo los jóvenes.

Que el Señor nos de la fuerza para predicar al “Dios desconocido”.

 

Hno. Luis Ángel Rodríguez Pedraza, CMF.

 

 

 

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