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Claret y los enfermos

SAMC, fue un perseverante servidor de Dios en sus hermanos, dato que se refleja de su incansable labor por los enfermos  a quienes visitaba constantemente, hasta la muerte en algunos casos. (Cfr. Aut. 110). 

Jóvenes Claretianos

Es sin duda una riqueza poder contar con esta narrativa  de la Vida de San Antonio María Claret  (La Autobiografía), que gracias al acertado mandato del superior general de aquella época, el padre José Xifré, fue realizada por nuestro Padre Fundador.

Esta obra  nos acerca más a su pensamiento y sentimiento con respecto de diversos temas,  que podemos ir revisando desde nuestro ahora y; contemplar aquel tiempo desde los ojos de quien lo vivió y lo relata con una expresividad propia de quien no ha perdido la capacidad de asombro por su íntima relación con Dios.

En los tiempos apostólicos, los últimos lugares del escalafón social los ocupaban las viudas y los huérfanos; no obstante, las veces que se mencionan los enfermos, en los Evangelios u otros escritos del Nuevo Testamento; sobre todo los enfermos más  pobres, creo que todavía se encontraban más abajo que las viudas y los huérfanos objetivamente hablando. Por ejemplo el enfermo aquél que esperaba que alguien lo bajara a la piscina, cuando bajaba un ángel a conceder la curación de un enfermo y no había quien le ayudara; en ocasiones pareciera que fueron abandonados por sus familiares; por ejemplo alguno de los leprosos. 

Yo opino que en los tiempos actuales, llegan a experimentarse estas situaciones, aunque no son tan comunes. Hay casos mencionados de personas de la tercera edad que son abandonados por sus familiares.

Nuestro Santo Fundador, desde sus perspectivas; parece haber percibido este fenómeno en su propia época, al grado que siente que debe desgastarse, hasta en grado heroico, por sus hermanos los enfermos. 

Contemplamos  ahora el tema de “San Antonio María Claret y los enfermos”.

SAMC, fue un perseverante servidor de Dios en sus hermanos, dato que se refleja de su incansable labor por los enfermos  a quienes visitaba constantemente, hasta la muerte en algunos casos. (Cfr. Aut. 110). 

San Antonio comprendió plenamente el mandato primero de Dios que dice que debemos amar a Dios y al prójimo como a nosotros mismos.

El ministerio de SAMC con los enfermos fue todo un acontecimiento, de manera que, él mismo parece mostrar en el # 180 de su autobiografía, que poseía  el don de sanación.  Es lógico pensar que al unir el ministerio apostólico sacerdotal, con el oficio del médico;  mucha más gente resulta beneficiada. Pues muchos momentos humanos como depresiones, problemas graves, normales preocupaciones, etc. derivan en padecimientos sintomáticos que se perciben como enfermedades y vienen a empeorar la situación humana.  De tal manera que el médico y el sacerdote juntos en SAMC, podrían ser percibidos casi como milagros. (cfr. Aut.181).

 La realidad de estas experiencias de nuestro santo fundador, no las sabremos con certeza; pero sí sabemos que la fe mueve montañas, y si hablamos de la vida de un santo; pues precisamente es considerado santo, porque hizo milagros. No podemos borrar la posibilidad de que poseyera ese don.

Parece ser que nuestro santo fundador aprovechaba cualquier situación para “estar en acción” y muy frecuentemente sus beneficiarios fueron los enfermos.  Esto aconteció a su paso por las Islas Canarias, donde nos participa su experiencia. (Cfr. Aut. 182).

Haciendo una ligera revisión de esta temática en la vida de nuestro Santo Fundador, podemos asegurar que en su infatigable labor apostólica, nunca faltó el cuidado por los enfermos, en los que indudablemente, percibió San Antonio, la imagen de Cristo sufriente. (Cfr. Aut. 479). Ésta es una invitación a todo nosotros para imitarle en tan admirable labor.  Opino que este trabajo me corresponde mucho más a mí, aunque tengo ya 27 años de alejado de la medicina;  hay momentos muy concretos en que creo que Dios me pide que no olvide este santo testimonio de nuestro fundador y que me enseñe a ver, como Claret, el rostro de Cristo en el enfermo.

Por lo pronto, en nuestra Misión Claretiana de la Costa Chica, Oaxaca;  se inició ya un ambicioso proyecto de una “Farmacia Claretiana de los Pobres”, misma que parece estar resultando muy atractiva para la gente de estas regiones tan abandonadas  por las autoridades correspondientes.

Esperando que este escrito les resulte, a ustedes lectores, una luz en su caminar hacia Dios, me despido. 

 

P. Armando Ibarra Carrillo, CMF

 

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