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El Espíritu del Señor está  sobre mí

La Fragua en nuestra vida de provincia: 4. spiritus domini (lc 4, 18-19).s.

EL Espíritu del Señor

En el siglo primero de nuestra era, Nazaret era apenas una humilde aldehuela de no más de 200 habitantes; un caserío tan irrelevante, que alguien dirá más tarde sorprendido: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?  Mateo y Lucas le dan vida y nombre a esta insignificante población gracias a los misterios que narran: La Anunciación; esponsales de José y María; y, meses más tarde, la determinación de José, al volver de Egipto con su esposa y su hijo, de instalarse en Nazaret, “Para que se cumpliera lo anunciado por los profetas”: “será llamado Nazareno”.   En el seno de aquella pacifica familia judía Jesús creció en edad, en conocimientos y gracias delante de Dios y de los hombres,  hasta alcanzar la edad madura y tomar la decisión de dejar su pueblo e instalarse en una de las riveras del lago de Galilea.  Pero, un día Jesús regresó a Nazaret, “el pueblo donde se había criado”.

Lucas supone que Jesús recorrería los 47 kilómetros que median entre Cafarnaúm y Nazaret para asistir, un sábado de tantos, a una improvisada sinagoga donde, se nos dice, él mismo escogió un texto del profeta Isaías, le dio lectura y comentó ante los asistentes.  El texto de (Is 61, 1-SS) reza así:   “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Nueva Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y vista a los ciegos. Para poner en libertad a los oprimidos; para proclamar el año de gracia del Señor”. Enrollando el libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Él empezó diciéndoles: Hoy, en presencia de ustedes, se ha cumplido este pasaje de la Escritura”.  “Todos lo aprobaban y estaban admirados por aquellas palabras de gracia que salían de su boca…”  En realidad, la aprobación no fue general, pues hubo quienes, indignados, intentaron sacarlo fuera de la población con ánimo de despeñarlo.  

Por este incidente es que no fue larga la estancia de Jesús en Nazaret: hubo de regresar a Cafarnaúm, casi huyendo, para en seguida darle vida al programa liberador de Isaías, ahora muy suyo, programa que abarca la totalidad del hombre sufriente. El sufrimiento de hombres y mujeres, no sólo el pecado, fue lo que movió siempre el corazón de Jesús y por lo que al final muere, no despeñado, pero sí clavado en una cruz… Este texto profético (Is 61, 1-2) ha inspirado a varios hombres y mujeres de la Iglesia con una intensidad y fuerza que no tienen otros tratados o estudios, por muy doctos que éstos sean.... …Dice la Verbum Domini (49): En relación con la Palabra de Dios, la santidad se inscribe, en cierto modo, en la tradición profética, en la que la Palabra de Dios toma a su servicio la vida misma del profeta...El Espíritu Santo, que ha inspirado a los autores sagrados, es el mismo que anima a los santos a dar la vida por el Evangelio…  El Padre Claret, asiduo lector orante de la Palabra de Dios, leyó, meditó y oró el texto en cuestión, hasta sentir cómo el Espíritu Santo le confiaba, como a Jesús, la tarea de dedicar su vida a liberar a los más pobres y sufrientes de su tiempo: así lo dejó escrito, con humildad y verdad, en su Autobiografía (118): “El Señor me dio a conocer que no sólo tenía que predicar a los pecadores, sino también a los sencillos de los campos y aldeas había de catequizar, predicar, etc. etc. y por esto me dijo aquellas palabras: Los menesterosos y los pobres buscan aguas y no las hay; la lengua de ellos se secó de sed. Yo el Señor les oiré; yo el Señor de Israel no los desampararé…” Y de un modo muy particular me hizo Dios Nuestro Señor entender aquellas palabras: “Spiritus Domini super me et evangelizare pauperibus misit me Dominus sanare contritos corde”.      

  Una prueba más la tenemos en las primeras seis líneas del número 213 de su Autobiografía: “Otro de los motivos que me impelen a predicar y confesar es el deseo que tengo de hacer felices a mis prójimos. ¡Oh, qué gozo tan grande es el dar salud al enfermo, libertad al preso, consuelo al afligido y hacer feliz al desgraciado! Los claretianos de hoy, portadores de las semillas del amor que brotan a través de nuestros actos cuando estamos en contacto con las necesidades de nuestros hermanos, (Fragua), e impulsados por el mismo Espíritu, sólo podremos responder a los retos de hoy,  en la línea de la Nueva Evangelización, entrando en contacto directo y constante con la palabra de Dios... El P. Claret escribe en se Autobiografía (114): “Había pasajes que hacían tan fuerte impresión, que me parecía que oía una voz que me decía a mí que lo leía…” La Palabra de Dios, en el contexto de la Nueva Evangelización es, ante todo, una advertencia a nosotros los claretianos del siglo XXI a vivir el Carisma recibido, en alegría y fidelidad al Evangelio, en favor de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.  ¡Ese es el reto! Y ¿El motor? La Caridad de Cristo, que urgió a Pablo en los albores de la Iglesia y a Claret en el siglo XIX, seguirá ardiendo en los jóvenes misioneros claretianos de hoy y del mañana.

 

P. Domingo Vázquez Parra, CMF.

 

 

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