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En las tempestades: ¡ayúdanos san judas¡(mc 4, 35-41)


 Judas aprendió que en la vida hay que confiar siempre en Dios, aunque sintamos que ni se acuerda de nosotros. 

En las tempestades: ¡ayúdanos san judas¡

La vida suele ser suficientemente tranquila pero a veces perdemos lo tranquilo y se nos vienen los problemas, entonces como que buscamos ayuda, y nos acordamos de San Judas. Él nos inspira confianza. El Evangelio nos dice que una ocasión iban en una barca él y sus compañeros acompañando a Jesucristo, se desató una tormenta y les dio miedo (y ¿a quién no?). Jesús dormía reclinado sobre un cojín, y los discípulos sintieron que no los protegía. ¡Señor que nos hundimos!. Y Jesús les reclama la faltan de confianza en él. Judas aprendió que en la vida hay que confiar siempre en Dios, aunque sintamos que ni se acuerda de nosotros. Pero él nos entregó una vida humana. Somos humanos en medio de otros humanos, metidos en un ambiente de múltiples posibilidades de desarrollo. Y, a veces, inclusive, sin medios a nuestro alcance para salir del apuro. Como humanos que somos, confiando en Dios, hemos de buscar lo que podamos hacer por nuestra cuenta. Judas aprendió, y después de ponerse a trabajar achicando el agua que se metía y los otros medios que Pedro le indicaba, le pide a Jesús, con sus compañeros, ¡Ayúdanos Señor que nos hundimos! Cuando vengan las tormentas de la vida, acordémonos de San Judas y pidámosle que en nuestro nombre le repita a Jesús: Señor que se hunde: ¡Ayúdale!.

 

P. Héctor Núñez Gutiérrez, CMF

 

 

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