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El milagro de saber amar 


Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que digas una sola palabra y mi muchacho quedará sano.

Corazón de María

Estamos terminando un año en la liturgia; el año comenzó con el primer domingo de adviento y termina con la fiesta de Cristo Rey. Durante el año se nos presenta la vida de Jesús y sus enseñanzas. Esa vida y esas enseñanzas son las vivencias de lo que se espera que nosotros como cristianos vivamos; vivencias que nacen del amor de un Dios hacia nosotros y esperan reflejarse en nosotros hacia Dios. San Judas conoció y compartió esa manera de amar. 

En Mateo 8, 8 nos encontramos con un centurión romano que le dice a Jesús: “Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que digas una sola palabra y mi muchacho quedará sano.” Ese Centurión sabía amar en fe a Jesús, sabía amar a su muchacho en buscarle auxilio. San Judas ha sido testigo de lo que pasó y se confirma en su manera de amar a Dios y al prójimo. Nuestra vida es una serie de acontecimientos propios y de acontecimientos de personas que se relacionan con nosotros, saber vivirlos bien, con amor a Dios, con amor al prójimo, no es fácil, necesitamos esfuerzo personal y la gracia de Dios. Para entender lo que tenemos que hacer y logremos hacerlo bien se nos ofrece otro año litúrgico para conocer la vida de Jesús, para escuchar su palabra y para llevarla a la práctica. Contamos con San Judas para aprender, para practicar, para vivir. Que San Judas nos consiga el milagro de la salud del cuerpo y la salud del espíritu. Con San Judas sabremos amar.

 

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