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«RAÍCES, MEMORIA Y ESPERANZA»

XX Encuentro Nacional de las Comunidades Eclesiales de Base (CEB)

San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 23 al 27 de julio de 2018

encuentro cebsAlrededor de 2500 delegados/as de las CEB de 45 diócesis de la república mexicana distribuidos en 12 regiones, nos reuniones con gozo en la plaza «La Coleta» de San Cristóbal de las Casas, Chiapas —tierra emblemática por Bartolomé de las Casas y Samuel Ruíz García—con el fin de llevar a cabo el objetivo general de esta asamblea: «celebrar los 50 años de seguimiento a Jesús de las CEB en México, recuperando sus raíces y memoria histórica, para resignificar en el soplo del Espíritu, su identidad y compromiso, desde los más pobres al servicio del reino de Dios», teniendo como referencia el profetismo del concilio latinoamericano de Medellín (1968).

En esta diócesis del sureste se hizo presente la Iglesia popular, indígena, afrodescendiente, mestiza y pobre. También, se contó con alguna representación de Guatemala, El Salvador, Honduras y un grupo de estudiantes y profesores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM Xochimilco), quienes favorecieron el proceso teórico y metodológico de la recuperación de la memoria colectiva. De la parroquia claretiana Nuestra Señora de la Esperanza, diócesis de Ciudad Juárez, participamos un pequeño equipo vinculado a la región 9.

En la prolongada ceremonia de apertura oramos ante el colorido altar maya y en el desfile pudimos presenciar la gran riqueza cultural de nuestra América, los trajes típicos, bailes, cantos y artesanías. El obispo de la diócesis de San Cristóbal, Rodrigo Aguilar Martínez, nos dio una calurosa bienvenida, y, aunque en algún momento dijo que las CEB no eran lo máximo, sino que eran un grupo más entre otros, el mismo pueblo captó la controversial postura del pastor e inmediatamente gritaron al unísono: «queremos obispos y sacerdotes al lado de los pobres». 

El modelo de Iglesia-Pueblo de Dios que el Concilio Vaticano II quiso son las CEB y así lo han confirmado las sucesivas Conferencias Episcopales Latinoamericanas y siguen siendo, tal vez, el único proyecto eclesial capaz de articular las luchas sociales con la fe cristiana. La fraternidad es el eje central de las comunidades, sin este elemento pierden su razón de ser, por ese motivo a nadie nos extrañaba el uso excesivo y espontáneo de la palabra hermanos/hermanas, pues realmente todos nos sentíamos como en nuestra propia casa. Los rostros que entretejen esta gran red de hermandad son hombres y mujeres que desde su situación de precariedad se organizan lo mejor posible para sacar adelante proyectos de vida digna. Nos causa alegría que el nuevo florecimiento de las pequeñas comunidades lo están haciendo los adolescentes y jóvenes.

Ver

En los núcleos de reflexión se siguió el «clásico» método pastoral: ver, juzgar, actuar, celebrar y evaluar. En un primer momento, analizamos la realidad y las consecuencias del neoliberalismo, nombrado por muchos como «sistema de muerte» porque beneficia y enriquece a una minoría y despoja a millones de mexicanos. En otros términos, es una estructura que genera «ventajas económicas para pocos y pobreza, violencia e inseguridad para muchos».

En este Encuentro Nacional la gente sencilla tienen la palabra, porque ellos son los que reciben los daños directos del «sistema de muerte»: la «violencia» con todo su entramado malévolo (narco-política, inseguridad, desapariciones, homicidios); la violación de los derechos humanos, la pérdida de identidad cultural, el consumismo, la falta de oportunidades para los jóvenes profesionistas, la desigualdad social y el saqueo desmedido del patrimonio natural (ríos, minerales, bosques, tierras) de los pueblos.

No pasamos desapercibido el hito histórico del 1 de julio de 2018, puesto que es el inicio del «despertar ciudadano» provocada por la «rebelión de los electores». Se nota un hondo deseo de la sociedad civil de transformar el rumbo de nuestro país, pero somos conscientes que esta coyuntura sociopolítica es un gran desafío porque tenemos la responsabilidad de reconstruir un Estado de derecho que beneficie a los más frágiles y vulnerables.

Juzgar

En un segundo momento, hicimos memoria de nuestro andar por décadas. Afortunadamente, algunas hermanas/os que han trabajado en la causa de la liberación desde hace 50 años nos compartieron su sabiduría. A través de las historias recopiladas pudimos vislumbrar tres sombras que han entorpecido nuestro andar: olvidar que el protagonismo de esta obra es del Espíritu Santo y no tanto nuestra; cuando se rompe la fraternidad con otros movimientos y cuando perdemos de vista nuestro origen e identidad. En cambio, cuando el Espíritu de Jesús está en el centro hay, al menos, tres inquietantes lineamientos y lo podemos descubrir cuando la comunidad está activa, en movimiento, con proyectos; las personas se sienten libres y no pierden su sentido de pertenencia a la Iglesia.

Son muchas las CEB que vivieron en carne propia la persecución y esto sólo fue posible cuando vivían con «autenticidad» los valores del reino de Dios, pero gracias a los obstáculos pudieron fortalecerse y clarificar sus opciones. A pesar del rechazo y oposición, ya sea por algunos miembros de la institución eclesial o del Estado, los frutos de la siembra misionera son muchos, porque de todos lados, de norte a sur y de oriente a occidente, se han instalado las más diversas experiencias y ministerios: salud alternativa, economía solidaria, atención a los enfermos y presos, canastas comunes, cooperativas de ahorro y producción, casa de migrantes, preparatorias indígenas comunitarias, comités de derechos humanos, solidaridad ante los desastres naturales, talleres de nutrición, defensa de los territorios y la articulación a nivel regional y nacional[1].

Las nuevas generaciones de jóvenes han manifestado su entusiasmo por conocer las raíces, la memoria y las luchas sociales en las que se ha involucrado las CEB. Los nuevos miembros tenemos como tarea inmediata resignificar las pequeñas comunidades y hacer el esfuerzo de transparentar el Evangelio en la base, en el barrio, en la periferia, tejiendo lazos de fraternidad que cuiden la casa común y a los hermanos/as descartados de la historia.

Las CEB han otorgado «voz a los sin voz», especialmente, a las mujeres que han roto con la estructura machista-patriarcal. Las/os campesinos, obreros y universitarios, se han tomado en serio el Evangelio y han hecho suya la «Iglesia de los pobres», uniendo de manera integral la fe y la justicia, con aciertos y errores. Este modo de ser cristianos ha sido posible al silencioso trabajo del Espíritu, quien es el actor de esta historia de salvación y a los esfuerzos de obispos como Samuel Ruíz, Sergio Méndez Arceo, Bartolomé Carrasco, Adalberto Almeida, José Llaguno, Manuel Talamás, y a la red de presbíteros, religiosos/as y laicos comprometidos en la causa de la liberación.

Por otra parte, «aunque algunas CEBs se han institucionalizado, y en cierto sentido, burocratizado en el quehacer hacia dentro de los servicios sacramentales y se han alejado de los problemas sociales que estuvieron siempre presentes en sus orígenes, o ha sido reducidas a su mínima expresión, ya sea por la represión gubernamentales o eclesial, quedando solamente en espacios de sobrevivencia frente a la violencia imperante, casi sin tareas sociales y sin misión profética anunciadora del Reino a la sociedad, todavía la mayoría de ellas, un tanto envejecidas y con añoranza, sigue poniendo en el centro su cariñoso cuidado de las y los otros, especialmente de las y los que más sufren o están en mayor pobreza»[2].

Actuar[3]

En un tercer momento, recogimos los desafíos a nivel nacional y que fueron leídos en la celebración de clausura. Dichos compromisos son los siguientes[4].

Recuperar la capacidad profética y renovar nuestras comunidades, acompañar e incluir a los niños, adolescentes y jóvenes.

  • Impulsar una participación ciudadana activa en este momento de cambio sociopolítico profundo de nuestro país.
  • Promover una formación continua, integral, social, política, testimonial y compartida que nos permita responder a las realidades de hoy.
  • Profundizar en nuestra memoria histórica como fuente de vida y de esperanza.
  • Recuperar el protagonismo de los laicos, como sujetos del caminar de nuestra Iglesia y sociedad.
  • Fortalecer la autonomía de las comunidades frente al clericalismo y promover un laicado maduro, autónomo, propositivo.
  • Dar testimonio de verdadera «Iglesia en salida» con nuevos ministerios y servicios sociales.

En este recorrido nos alienta el profetismo del Papa Francisco, quien nos invita a ser cristianos comprometidos en la base, en las periferias, que se organizan y luchan por la paz con «justicia y dignidad».  No desperdiciemos este tiempo de esperanza para volver a nuestras raíces e impulsar un cambio renovador en nuestra Iglesia y en nuestro país. Estas aspiraciones sólo serán posible cuando haya un «protagonismo laical capaz de dar nueva vida a la Iglesia católica. Llegó la hora de la autonomía de los laicos/as» (Eduardo Hoornaert).


[1] Cfr. CEB, «Saludo de la UAM Xochimilco», en Contenidos XX Encuentro Nacional de CEBs, 50 años de caminar en México, México, 2018, p.129.

[2] CEB, «Saludo de la UAM Xochimilco», en Contenidos XX Encuentro Nacional de CEBs 50 años de caminar en México,México, 2018, p.129.

[3] Enuncio algunas acciones específicas para las CEB de la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza: 1. Impulsar la economía solidaria: caja de ahorro y tienda comunitaria. 2. Potenciar el proyecto de medicina alternativa. 3. Profundizar en el texto Contenidos XX Encuentro Nacional de CEB. 4. Propiciar un laicado maduro, autónomo, propositivo, frente al clericalismo. 4. Proponer un asesor diocesano para las CEB de Ciudad Juárez. 5. Fortalecer la articulación con la región nueve.

[4]Cfr. Proclama del XX Encuentro Nacional de Comunidades Eclesiales de Base, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México, 27 de julio de 2018.

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