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2 de noviembre: memoria a las víctimas de la violencia

Un silencio que pretendió ser una oración de indignación, de protesta, un grito que suplica justicia, perdón sin olvido y de misericordia.

2 Novienbre en Juarez

En este día en que hacemos memoria a los difuntos, los jóvenes que integran la pastoral juvenil claretiana de la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza, en coordinación con un servidor, realizaron varios altares en los que se recordaron a aquellos seres que nos han precedido en el encuentro con el Dios de la vida. Estos altares tuvieron un enfoque peculiar, porque se hizo memoria a las víctimas de la violencia de esta ciudad crucificada. Se realizaron tres altares y un panteón de vivos, en este último, se presentó el humor burlesco hacía la muerte.


El primer altar fue en memoria a la masacre de las Villas de Salvarcar, donde el pasado 31 de enero de 2010  un grupo armado asesinó a 16 jóvenes dentro de una casa. El segundo, en memoria a la masacre acaecida en la colonia Horizontes del Sur, ocurrido el 23 de octubre de 2010, en la que un comando armado acribilló a los asistentes a una fiesta, dejando un saldo de al menos 14 muertos y 20 heridos, incluidos menores de edad. El tercero, en memoria de los feminicidios de Ciudad Juárez, fenómeno que desde 1993 ha cobrado la vida de más de 1000 mujeres, muchas han sido secuestradas, torturadas, abusadas sexualmente y luego asesinadas.


Hicimos un momento de silencio, un silencio que pretendió ser una oración de indignación, de protesta, un grito que suplica justicia, perdón sin olvido y de misericordia. Era necesario detenernos, detener el tiempo ante el drama de la violencia e inseguridad y pedir a Dios que ¡cese la violencia!, ¡no más sangre! , ¡ni un muerto más!


Los jóvenes, se encargaron de investigar y de exponer lo acontecido, sí, especialmente ellos tenían que hacerlo, porque ellos son fermento y porvenir de la Iglesia y constructores de otra sociedad: menos violenta y más fraterna. Al mismo  tiempo reafirmar que la muerte no tiene la última palabra, porque Jesús la venció con la resurrección.


Esta es nuestra historia que nos tocó vivir ―una ciudad que lleva muchas heridas―  no la elegimos, pero estamos llamados a elegir y crear otra forma de convivir y solamente en la medida en que se haga memoria del pasado se podrá vislumbrar otro destino, porque un pueblo sin memoria está condenado a repetir la misma historia de violencia, más aun, «la historia sirve para liberarnos de lo que se fue y si no se le domina  con la memoria, refrescándole, él vuelve siempre contra nosotros y acaba por estrangularnos. El no tener conciencia histórica y olvidar el pasado, volverle la espalda, puede llevar al hombre a su misma destrucción, a la rebarbarización del hombre». (José Ortega y Gasset)

Est. Sabás Cristóbal García González, CMF

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