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El cristiano ante las elecciones

Vivimos en un régimen democrático, en donde se supone que la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros y que esto garantiza que la toma de decisiones responda mejor a la voluntad colectiva.

EleccionesNos encontramos en plenas campañas de los candidatos de los partidos políticos que contienden para puestos públicos de los próximos años, especialmente la Presidencia.


Se trata, por tanto, del evento político más importante del sexenio. Sabemos que la política es aquella actividad humana orientada a gobernar o reorientar la acción del Estado. Es, por tanto, una actividad noble y necesaria. Lamentablemente, los puestos de gobierno suelen regirse por el “poder de dominación”, es decir, la capacidad para hacer que otros apoyen los intere ses que la persona o grupo persigue. El cristianismo –a diferencia de otras religiones intimistas– implica tareas relacionadas con el quehacer en el mundo, conforme a la orientación que Jesús dio al poder: “Saben que los que son tenidos como gobernantes dominan a las naciones y los poderosos imponen su autoridad.


No será así entre ustedes; más bien, quien quiera llegar a ser grande que se haga servidor de los demás (Mc 20, 42-44)”. Los cristianos, por tanto, tratarán de que la política benefi cie a toda la sociedad, o como dice la enseñanza social de la Iglesia, que se dirija hacia el “bien común”. La fe nos empuja a colabo rar con el proyec to de Jesús, –su gran utopía– que Él denominaba “Reino de Dios”. Esto significa transformar las estructuras dominadas por el poder, por otras más justas y participativas. Alguien dijo que “La política como vocación, es la más sublime; pero entendida como negocio, es el más vil”. Quienes se sientan llamados a la vida política, habrán de considerar su actividad como una vocación, y su ejercicio, como un verdadero ministerio o una forma de Caridad. Si la política se toma como profesión, “modus vivendi”,
búsqueda de poder o negocio… se degrada.


Vivimos en un régimen democrático, en donde se supone que la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros y que esto garantiza que la toma de decisiones responda mejor a la voluntad colectiva. La comple jidad de las sociedades moder nas no permite por ahora la demo cracia directa (participar en las principales decisiones), y su ejercicio se reduce simplemente a que los ciudadanos voten cada seis años por quienes los representen, agrupados en algún partido político. En México no tenemos mucha experiencia histórica de democracia. Todavía en el siglo pasado en las elecciones se recurría mucho al fraude electoral, con aquellas modalidades consagradas por el ingenio mexicano como: “operación tamal”, “el carrusel”, “la rasura del padrón”, “el ratón loco”, el robo de urnas, etc. Muchas de estas prácticas fraudulentas se han podido corregir; aunque todavía se dé la manipulación, la compra de votos y la inducción corporativa.

En los últimos años se ha adelantado en credibilidad electoral; pero aún falta mucho camino por recorrer: los partidos políticos actuales han desdibujado las ideologías que les dieron origen y la gente reprueba el precio tan caro de las elecciones y la poca operatividad de los partidos. Sin embargo, construir hoy el ideal cristiano requiere forzosamente de la mediación de instituciones partidistas.


Ninguna de estas organizaciones se adecua totalmente al ideal evangélico. Por eso es posible dar el voto a un partido, sin estar al 100% de acuerdo con el programa propuesto. Aun así hay
que vincularse con alguna de las organizaciones existentes, conscientes de su provisionalidad.

La Arquidiócesis Primada de México ha dado algunas orientaciones pastorales generales que pueden ayudar a los católicos en el momento de elegir:

1. Que la persona humana y sus derechos humanos ocupen la prioridad en el quehacer político.

2. Que se promueva la educación integral desde la infancia.Igualmente, el respeto, la fraternidad, la justicia, la seguridad, la paz…

3. Que se promueva la familia, impulsando las nuevas generaciones en los valores morales y cívicos. Hay que favorecer el matrimonio entre un hombre y una mujer.1

4. Promover la justicia social, fomentando una cultura de la subsidiariedad, la solidaridad, el empleo, etc., recordando que más de la mitad de la población del país está sumida en la pobreza.

5. Luchar contra la corrupción, mediante leyes y mecanismos que la combatan. Atender a que el candidato tenga un historial limpio.

6. Asegurarse que al candidato le preocupe realmente el desarrollo económico del país, sin que haya desvíos hacia intereses del partido o de grupos que dañan al país.

7. Respetar en todo momento los derechos humanos, mediante una educación para la paz y los valores cívico morales

8. Que se proteja a grupos en situación de vulnerabilidad, abatiendo la discriminación y la marginación.

9. El cuidado y la preservación ecológica, lo que implica la conservación de los recursos naturales, el combate a la contaminación.

10. El derecho a la vida, desde la concepción hasta su terminación natural.

11. Un derecho fundamental es la libertad religiosa, de modo que los cuidadanos puedan expresar libremente su fe.


P.Enrique Marroquín, CMF

Nota original

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