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Día internacional del Trabajo

El carácter del trabajo humano, totalmente positivo y creativo, educativo y meritorio, debe constituir el fundamento de las valoraciones y de las decisiones, que hoy se toman al respecto, incluso referidas a los derechos subjetivos del hombre.                               

1mayo [1] El trabajo es la actividad que nos constituye como seres humanos. Con él se obtiene el pan cotidiano y se contribuye al progreso civilizatorio y a la elevación cultural y moral de la humanidad. El trabajo nos hace participar y continuar la obra creadora de Dios. Por lo mismo, con el trabajo el mundo se humaniza. Leemos en la Biblia que Dios puso a Adán y a Eva en el paraíso, “para que fuesen sus jardineros”. El trabajo, ciertamente, implica esfuerzo físico y mental; pero en sí mismo, suele ser agradable. Los sufrimientos y fatiga en el trabajo se vinculan a la cruz, y auguran la Resurrección, que es superar la maldición del Génesis.

[2] Desde  los albores de la humanidad, las actividades laborales fueron colectivas, lo que pronto implicó la división del trabajo: trabajo manual y trabajo mental (las artes liberales y las artes serviles, aquellas que hacían los siervos).  Esto propició relaciones que frecuentemente son fruto del abuso y de la injusticia. Aprovechándose de la astucia o de la coerción, una minoría se fue beneficiando de la riqueza comunitaria, haciendo que otros realicen las obras más penosas. Con la explotación laboral, el trabajo se volvió gravoso: “comerás el pan con el sudor de tu frente”. En tales circunstancias,  deja de ser creativo y se convierte en una verdadera tortura (la etimología de “trabajo” viene de tripalium -tres palos-, un instrumento de tortura entre los romanos).

[3] Al hacerse más complejas las sociedades, la producción fue cobrando creciente importancia, pues se necesitaba satisfacer mejor las necesidades humanas, las cuales fueron aumentando al dar origen a la civilización. Con la Revolución Industrial surge el automatismo. Ahora hay más conciencia de la limitación de los energéticos y de su consecuente contaminación ambiental. El capitalismo concede artificialmente la primacía, no ya al trabajo, sino al capital (máquinas costosas). Con ello se genera el “proletariado”, explotados “libremente”, al ofrecer su fuerza de trabajo. Considerados meramente como “fuerza laboral”, como una mercancía más, su salario es objeto de la oferta y la demanda, que apenas cubre las necesidades básicas indispensables, en condiciones muchas veces intolerables. Esta situación es la llamada “cuestión obrera”.

EL PRIMERO DE MAYO

[4] El Primero de Mayo, es la fiesta del Movimiento Obrero Mundial. Desde su establecimiento en todos los países por acuerdo del Congreso Obrero Socialista, de influencia anarquista, desde 1889. Se trata de una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los Mártires de Chicago que fueron ajusticiados por su participación en las jornadas de lucha por exigir una jornada laboral de ocho horas. El movimiento culminó con la huelga del 1º de mayo de 1886 en los Estados Unidos (EE.UU.), con la participación de 200.000, aparte de otros 200.000, que obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro. El día 2 la policía disolvió violentamente una manifestación de más de 50.000 personas y el día 3 hubo una trifulca con los esquiroles rompehuelgas, que sirvió de ocasión para que la policía, sin aviso alguno, disparara a quemarropa, produciendo 6 muertos y varias decenas de heridos.

SITUACIÓN ACTUAL

[5] En 2004, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) informó que las inseguridades económicas y sociales se multiplican con la globalización y las políticas asociadas con ella, a medida que el sistema global económico se ha tornado más inestable y los trabajadores soportan cada vez más la carga, por ejemplo, mediante reformas a las pensiones y a la atención de la salud.Con 210 millones de desempleados y millones de personas que trabajan por sueldos bajos o por medio tiempo, la época actual es el momento con más desempleo en la historia (Juan Somavia, director general de la OIT).

[6] La pérdida de puestos de trabajo es un problema que comparten países avanzados y en desarrollo, según el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). “Más allá de la urgente necesidad de reducir el impacto desestabilizador de los mercados financieros, la creación de empleos debe ser la prioridad”, consideró el secretario general de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).2

EN MÉXICO

[7] La Unión Nacional de Trabajadores (UNT), el Centro de Investigación Laboral y Asesoría Sindical y el Frente Auténtico del Trabajo señalaron que en este sexenio se ha contraído siete veces el poder adquisitivo de los salarios; se abarató la mano de obra, al grado que México tiene el lugar 171 en una lista de 180 naciones por orden descendente de sueldos pagados a sus trabajadores. Más de 2.5 millones de mexicanos no tienen trabajo, y 33% ganan entre 1 y 3 salarios mínimos ($150 diarios). La tasa de desocupación equivale al 4.90%, equivale a que 2.46 millones de personas están desempleadas.3

[8] Los gobernantes de estos últimos años tienen en mente destruir todos los sindicatos que todavía hay en México, y más aún a aquellos que representan núcleos fuertes de interés y tienen con qué defenderse. Para ellos, el ideal de las relaciones de trabajo consiste en un sistema de contratación puramente individual del que se harían cargo hookers especializados, contratistas de mano de obra en condiciones totalmente eventuales, tal y como se da en Estados Unidos. Los sindicatos que se atreven a defender sus contratos colectivos de trabajo están bajo el fuego a discreción del gobierno.

[9] De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la tasa de desempleo en febrero pasado mostró un incremento notable –de 0.42 por ciento– respecto del mes anterior, y se ubicó en 5.18 por ciento de la población económicamente activa, lo que equivale a 2.6 millones de desempleados en el país. A la insuficiencia de puestos de trabajo se suma el crecimiento del empleo informal, que según cifras del propio instituto pasó de 29.02 a 29.14 por ciento de la población ocupada entre febrero de 2011 y el mismo mes de 2012, porcentaje que se traduce en 13.9 millones de personas. Cinco de cada 10 empleos que se generan México están en la economía informal, el número de plazas creadas es “insuficiente”, sólo 66 por ciento de las personas ocupadas perciben salario y los trabajadores están perdiendo poder adquisitivo por la inflación, señaló ayer el titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), Javier Lozano Alarcón. (8 sep 2008). 976 mil 582 personas se emplean en el ramo informal, es decir, personas que trabajan sin registros contables y que funcionan a partir de los recursos del hogar o de la persona que encabeza la actividad sin que sea una empresa.

LA ENCÍCLICA, “LABOREM EXCERCENS”, DE JUAN PABLO II

[10] La Iglesia, muy pronto, se preocupó por las condiciones de los obreros, y el 15 de mayo de 1891, León XIII publicó su famosa encíclica “Rerum Novarum”. Su actualización, en una bella reflexión teológica de Juan Pablo II, la encíclica Laborem Excercens, del 14 de septiembre de 1981. La tesis central de la doctrina de la Iglesia es que el sujeto propio del trabajo es el hombre. Como persona él trabaja, realiza varias acciones pertenecientes al proceso del trabajo; éstas, independientemente de su contenido objetivo, han de servir todas ellas a la realización de su humanidad. Esta dimensión condiciona la misma esencia ética del trabajo. Quien lleva a cabo el trabajo es una persona, un sujeto consciente y libre, es decir, un sujeto que decide de sí mismo. El trabajo está «en función del hombre» y no el hombre «en función del trabajo».

[11] Denuncia el pensamiento materialista y «economicista» para el trabajador —especialmente el obrero de la industria— es una especie de mercancía que se vende al empresario, que es a la vez poseedor del capital, o sea del conjunto de los instrumentos de trabajo y de los medios que hacen posible la producción. El acelerado proceso de desarrollo de la civilización unilateralmente materialista, en la que se da importancia primordial a la dimensión objetiva del trabajo, mientras la subjetiva —todo lo que se refiere indirecta o directamente al mismo sujeto del trabajo— permanece a un nivel secundario. De esta manera, el hombre  es considerado como un instrumento de producción. Esta situación estaba favorecida por el sistema socio-político liberal que, según sus premisas de economicismo, reforzaba y aseguraba la iniciativa económica de los solos poseedores del capital, y no se preocupaba suficientemente de los derechos del hombre del trabajo, afirmando que el trabajo humano es solamente instrumento de producción, y que el capital es el fundamento, el factor eficiente, y el fin de la producción.

[12] El carácter del trabajo humano, totalmente positivo y creativo, educativo y meritorio, debe constituir el fundamento de las valoraciones y de las decisiones, que hoy se toman al respecto, incluso referidas a los derechos subjetivos del hombre, como atestiguan las Declaraciones internacionales y también los múltiples Códigos del trabajo, elaborados tanto por las competentes instituciones legisladoras de cada País, como por las organizaciones que dedican su actividad social o también científico-social a la problemática del trabajo. Un organismo que promueve a nivel internacional tales iniciativas es la Organización Internacional del Trabajo, la más antigua Institución especializada de la ONU. Se debe ante todo recordar un principio enseñado siempre por la Iglesia: la prioridad del «trabajo» frente al «capital». Este principio se refiere directamente al proceso mismo de producción, respecto al cual el trabajo es siempre una causa eficiente primaria, mientras el «capital», siendo el conjunto de los medios de producción, es sólo un instrumento o la causa instrumental. Este principio es una verdad evidente, que se deduce de toda la experiencia histórica del hombre.

[13] De estos principios nacen algunos derechos específicos de los trabajadores. El hombre que trabaja desea no sólo la debida remuneración por su trabajo, sino también, que sea tomado en consideración en el proceso mismo de producción; la posibilidad de que él, a la vez que trabaja incluso en una propiedad común, sea consciente de que está trabajando «en algo propio». Entre los derechos de los trabajadores hay que comenzar con un problema fundamental: conseguir trabajo; un empleo adecuado para todos los sujetos capaces de él. Lo contrario de una situación justa y correcta en este sector es el desempleo, es decir, la falta de puestos de trabajo para los sujetos capacitados (hay ahora en el mundo como unos 250 millones de desempleados). Juntamente con esto, el Papa habla acerca de la emigración por trabajo y el derecho de todo ser humano a abandonar su país de origen —como también a volver a él— y a buscar mejores condiciones de vida en otro país.

P. Enrique Marroquín, CMF

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[1] La Jornada, 22 de abril de 2012, p. 28

[2] Notimex, 13/09/2010

[3] La Jornada, 24/02/2012

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