Compartir Compartir      
 

Bajar a los infiernos, Subir como Resucitados

Junto a la Cruz hay siempre Pascua: el paso de la muerte a la vida, de la opresión a la liberación, del olvido a la memoria, del desempleo a un trabajo sustentable, del callejón sin salida a la esperanza.

Juarez

La Semana Santa de 2012, fue una oportunidad para volver a tocar las llagas del Crucificado en las comunidades de Ciudad Juárez. Es un volver a la Jerusalém martirial, ahí donde se asesinan a inocentes y a criminales, donde la fraternidad y las convivencias se intensifican a “puerta cerrada”: la inseguridad recrea el ambiente hermético.

Pese al contexto hostil, la voz de Dios no deja de convocar a la comunidad para potenciar los valores que muchos llevan en el corazón: la solidaridad, la fraternidad, la escucha, la compasión y al mismo tiempo para participar en las celebraciones propias del triduo pascual. Durante los momentos de oración y reflexión comunitaria se ponían en la mesa de la Vida las angustias y las alegrías de la comunidad, los esfuerzos por construir la unidad e ir más allá de los egoísmos y de la apatía.

Corresponder a las invitaciones de las familias para “compartir el pan”, y más en estas fechas, era hacer memoria dichosa de aquel que compartía y que se “partía” con los demás, especialmente con las personas sencillas, a quienes el mismo alabó por la docilidad de comprender el mensaje del Reino de Dios. Era inevitable que en estos momentos no salieran –como surgiendo desde abajo– la experiencia gozosa de muchas personas porque parece que cada día la tranquilidad se hace sentir por las calles de la ciudad, no obstante, en no pocas miradas brotaban lágrimas de dolor y de desconsuelo ante la trágica y violente pérdida de sus seres queridos; el silencio solía callar como sabiduría escondida.

Esta tierra de sangre y sol, de alegría y mucha fe, inevitablemente, son aquellos «lugares teológicos» donde Dios se revela como un Crucificado-Resucitado; la Presencia-Ausencia para muchos en los horizontes atrincherados; tierra sagrada que cuando se pisa hay que volver a pisar pero desde el corazón. «Nos habían dicho que la Historia la hacían los reyes y los guerreros», sí, eso nos habían dicho, pero la muerte y la resurrección de Jesús de Nazaret que se actualiza en este entorno, devela que «La Historia la hace la sangre, la muerte, la tortura. La Historia la hacen los que abren espacios de vida con su vida. La historia la haces Tú que alientas el aliento de esos hombres y les enseñas a perder la vida para que haya vida, para que no haya cadáveres ambulantes de explotación, de tiranía y de muerte». (Patxi Loidi)

Es, pues, que en este desierto existen personas generosas que como el Cirineo ayudan a sus hermanos a cargar con la cruz. Se trata de servidores de la palabra, de jóvenes misioneros que ofrecen su tiempo para compartirlo con los demás, ellos son signos tangibles de que Dios sigue moviendo y alentado a otros a caminar en medio de “tolvaneras”. Este servicio hace que no pocos padezcan la muerte en cruz, como Jesús, cuando levantan la voz para denunciar las violaciones de los derechos humanos, las desapariciones y el hostigamiento. Sin embargo, ¡este es el tiempo de mártires de justicia social!, ¡este es el tiempo de aquellos que lloran con los que lloran! Porque «Todos los que murieron sacrificados como Jesús, por amor a  una vida más digna, heredan la plenitud de la vida. Son como el grano de trigo que, al morir, produce vida, y al ser enterrado rompe la tierra y crece. Por la resurrección serán llenados en plenitud con la vida de Dios que no elimina sino que transfigura la vida humana, haciéndola infinitamente más vida. Y, por tanto, INMORTAL". (Leonardo Boff)

Cada vez, que existen crucificados en la historia, se actualiza la experiencia de aquel Nazareno crucificado. La tarea vital es resucitar en la historia y escatológicamente con el pueblo herido, porque junto a la Cruz hay siempre Pascua: el paso de la muerte a la vida, de la opresión a la liberación, del olvido a la memoria, del desempleo a un trabajo sustentable, del callejón sin salida a la esperanza. En definitiva, bajar a los infiernos y subir como resucitados.

E. Sabás C. García, cmf.

Más información

Copyright © 2013 Misioneros Claretianos de México. Todos los Derechos Reservados
Av. Cuauhtémoc 946, Col. Narvarte, México D.F. 03020 - MÉXICO Comentarios y Sugerencias sobre este Sitio de Internet
Experiencia web     Estop diseño