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Saludo de Pascua 2017

 

La luz de la Pascua revela la naturaleza interconectada de todo y el empuje de toda la creación hacia la plenitud de Cristo (Rm 8: 22-23).

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Una vez más, la Pascua llega con la afirmación de que la muerte no es la última palabra, sino la vida, la vida en abundancia, la vida eterna.

El acontecimiento pascual, destino y diseño de nuestra existencia humana, está prefigurado en el ritmo de la naturaleza, en el sol de la mañana después de una noche oscura, en el estallido de la primavera dichosa después de un frío invierno. Cada día, abrazamos la noche esperando el amanecer.

Con el Cristo de Pascua en nosotros, pasamos por momentos oscuros y angustiosos de la vida seguros de un amanecer de paz y alegría.

La beatificación de nuestros 109 hermanos mártires en octubre de 2017 será una ocasión para reconocer su heroica fe en Cristo, que atestigua la verdad del acontecimiento pascual, la victoria del amor y el perdón sobre el odio y la violencia. El mejor tributo que podemos dar a nuestros hermanos mártires es encarnar el misterio pascual en nuestras propias vidas y ser testigos y mensajeros de la alegría del Evangelio en nuestro tiempo.

Hoy en día, el péndulo de muchos movimientos políticos se está moviendo hacia la protección de los intereses propios lejos de promover el bienestar global, lo que se traduce en la construcción de más muros de separación, muchos abandonos de los compromisos internacionales sobre el bien común, más disparos y explosiones de bombas. En el contexto de estos eventos, la Pascua nos invita a recorrer el camino de la construcción de puentes de paz y de justicia, y a trabajar por el bien integral de todos. El destino humano, revelado en Cristo, es la unidad de toda la humanidad con la singularidad de cada persona y grupo (Cf. Gál 3:28; 1 Cor 12: 12-13). La luz de la Pascua revela la naturaleza interconectada de todo y el empuje de toda la creación hacia la plenitud de Cristo (Rm 8: 22-23).

En la Iglesia, somos una comunidad carismática unida en el carisma de nuestro Fundador con diversidades como don del Señor resucitado para el bien de todos. No debemos tomar nuestra comunión por sentado, sino más bien esforzarnos para crecer hacia la plenitud en el amor de Cristo, y mantener a raya todas las fuerzas que nos dividen y que están al acecho en el recodo.

Un sabio preguntó a sus discípulos: "¿Cuándo sabéis que la noche ha terminado y el amanecer ha llegado?" Un discípulo dijo: "Cuando se pueda distinguir claramente un toro de una vaca". Otro dijo, “Cuando se puede distinguir un hilo negro de uno blanco”. Sus respuestas no satisficieron a la maestra y dijo: “Escuchad bien. Cuando miráis a los ojos de un ser humano y aún no veis a vuestra hermana o hermano allí, todavía estáis en la noche. El amanecer aún no ha llegado para vosotros".

Necesitamos la luz que emana del Cristo resucitado para reconocer y vivir nuestra conexión esencial con los demás seres humanos y, por lo tanto, para comprometernos con la causa de la paz y la fraternidad.

Caminemos en la luz del Señor Resucitado. ¡Deseo a mis hermanos, a todos los miembros de la familia claretiana, a nuestros colaboradores y a todos los queridos y cercanos, una Pascua muy alegre!

P. Mathew Vattamattam cmf
Superior General

 

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