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Claretianos de México en Salida Misionera

 

caminar, acompañar y adorar

editorial_febrero

Texto inspirador

El Papa Francisco en EG 49 nos dice: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrase a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”. 

Durante el desarrollo de nuestro capítulo general último el Papa Francisco recibió a los Misioneros claretianos. En un ambiente cordial y desde de su conocida amabilidad, nos dijo: me nace de dentro dirigirles un mensaje subrayando tres verbos “caminar, acompañar y adorar”. Los tres verbos, a mi parecer, deberán marcar nuestra salida misionera.

1. Caminar, Iglesia peregrina

Si nuestra Iglesia, y nuestra Provincia claretiana en particular, está convencida de la salida misionera tiene que caminar. Esto es desplazarse, ir hacia nuevos escenarios culturales (para nosotros teológicos) donde la necesidad del mensaje evangélico apremia. Esto no quiere decir que donde estamos ahora ya no se necesite. Aunque, si buscamos responder a nuestro carisma misionero, debemos primeriar los lugares y rostros más necesitados.

Pero debemos caminar con sentido. Durante algunos encuentros provinciales, al abordar el tema de la revisión de obras y posiciones, hemos subrayado la necesidad de incluir también la revisión de nuestras personas. Con acierto, hemos advertido que además de caminar o desplazarnos hacia nuevos escenarios humanos, debemos convertirnos al Evangelio. Como testigos del Evangelio necesitamos salir de nuestros esquemas mentales, y esto sólo es posible si nos dejamos interpelar por la Palabra escrita y la que acontece en el día a día.

El llamado a ser Congregación peregrina o en salida se fundamenta en el ejemplo de los sujetos inspiradores de nuestra misión. Jesús, María y la comunidad apostólica y Claret.

En primer lugar en Jesús, el enviado del Padre. El, en el misterio de la Encarnación, acepta poner su tienda entre nosotros. Belén representa el punto de partida del caminar con nosotros.  

María se encaminó presurosa a las montañas, nos dice el Evangelista San Lucas y nos dirá más tarde el narrador de las apariciones de Guadalupe en el Tepeyac. María es mujer que hace camino hacia los necesitados. También en ella encontramos la razón inspiradora de nuestra salida misionera.

Claret, en su autobiografía, nos deja un testimonio elocuente de la salida misionera. Su ofrecimiento a la Propaganda Fidei para ir a misionar, Sus viajes en la Isla de Cuba, como Arzobispo… son dos botones suficientes del misionero andariego de la palabra.

2.Acompañar, Iglesia comunión

En el mensaje citado del Papa Francisco a los Claretianos, además del verbo caminar nos invitó a acompañar. Y entendemos que no se puede acompañar sin la comunión con el otro.

En los años sesenta, a partir del Concilio Vaticano II, nuestra Iglesia resaltó su riqueza partiendo de la pluralidad de carismas y ministerios. Con ello, ya desde entonces, promovía el llamado a  la unidad desde la pluralidad. Hoy en el proceso acelerado de la globalización, el concepto de la comunión ha crecido en importancia y ha alcanzado nuevas dimensiones. La promoción del diálogo inter cultural, inter religioso, inter generacional, etc., lo evidencian.

Cuando hablamos de la Iglesia Comunión, directamente hacemos referencia a la Misión compartida. Con nuestra Iglesia hemos integrado ese rasgo a nuestro ser misionero. Y, además, hemos precisado sus niveles. Los números 54 – 56  del documento Missionarii Sumus, nos aclaran los niveles de la Misión compartida.

El Número 54 distingue a nuestras comunidades y a la familia claretiana como el primer espacio de vida y misión compartida, leámoslo íntegramente: “Vivimos el carisma de Claret de distintas formas: hermanos, estudiantes, diáconos y presbíteros. Nuestras comunidades son el primer espacio de misión y vida compartida. Cuando vemos que hay personas que se sienten agraciadas con el carisma de Claret y llamadas a compartirlo desde otras formas de vida o a colaborar con nosotros en nuestras iniciativas misioneras nos asociamos en misión conjunta como “familia extendida”.

El número 55 aclara el segundo nivel, cuando dice: Somos miembros de una iglesia “en misión” por obra del Espíritu, parábola de comunión de carismas y ministerios diversos: “Hay en la Iglesia pluralidad de ministerios, pero unidad de misión” (AA 2). Por eso nos insertamos activamente en las iglesias locales  colaboramos con otros institutos de vida consagrada (inter-congregacionalidad) y movimientos, según nuestra identidad carismática. Aquí subrayamos nuestra presencia en la Iglesia local, con los pastores, laicos y otros consagrados.

Pero la misión compartida, según el número 56 del documento MS, va más allá, nos vincula a otras personas cristianas o no, que sintonizan con los Valores del reino, leamos este número: “Sabemos que los problemas de la humanidad necesitan una respuesta consensuada y compartida. El Espíritu se derrama más allá de los límites de la Iglesia, cuando y como quiere (cf. Jn 3, 8). Por eso, deseamos colaborar estrechamente con todas las personas –cristianas o no– que actúan de manera compatible con los valores del Reino, sumándonos a sus iniciativas y acciones.

Concluye este capítulo, el número 57, con una afirmación categórica: “La misión compartida no es, por tanto, una estrategia sino nuestro modo de ser y actuar”. También quiero hacer eco lo escrito por el papa Francisco en el texto inspirador de nuestra reflexión: “No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termina clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”. La Misión compartida, la misión en comunión con otros, algunas veces o posiblemente muchas, nos pedirá ser colaboradores no protagonistas y para esto sí que nos exige una conversión de raíz.

3.Adorar, Iglesia Profética

No podríamos caminar a nuevos escenarios y apostar por la Misión compartida, sin adorar. El Papa dirigiéndose a los capitulares claretianos nos invitaba a entender la adoración con estas afirmaciones: la adoración, es estar delante del único Dios, de aquello que es lo único que no tiene precio, que no se negocia, que no se cambia… Adorar, es perder tiempo sin pedir, sin agradecer, incluso sin alabar, solamente adorar, con el alma postrada. 

Nuestro anhelo de caminar y acompañar se fundamenta en el Adorar, en este sentido rescato uno de los textos más citados de EG que dice… “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da nuevo horizonte a la vida y, con ello una orientación decisiva…

Con la adoración cultivamos la espiritualidad misionera y enfrentamos el riesgo de la espiritualidad mundana. Calaba hondo en la conciencia del claretiano la afirmación del Papa Francisco cuando nos advertía: “La mundanidad espiritual que se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal. 

Necesitamos de la adoración para la salida misionera… la adoración nos convierte en “evangelizadores que oran y trabajan, se comprometen social y misioneramente y respiran con el pulmón de la oración y la intercesión (Cfr. EG 78).

 Otra afirmación para recordar del Papa: “la vida espiritual se confunde con algunos momentos religiosos que brindan cierto alivio pero que no alimentan el encuentro con los demás, el compromiso en el mundo, la pasión evangelizadora. Así pueden advertirse en muchos agentes evangelizadores (Claretianos), aunque oren, una acentuación al individualismo, una crisis de identidad y una caída de fervor”.

Una pregunta para ustedes ¿Qué dificultades u obstáculos estamos teniendo para responder a la salida misionera? ¿Cómo superar esas dificultades?

 

Ciudad de México, 12 de septiembre de 2017. 

P. Enrique Mascorro López, CMF
Superior Provincial de México.

 

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